¿A qué huele una copa de ron?


Por: Gabriel Balbás

Estar frente a una copa de ron y disponerse a describir los aromas que esta evoca es uno de los retos más grandes, y el que causa mayor curiosidad, al momento de catar rones. Frases como: “no logro decir qué es” y “me recuerda a algo que no sé” son las más frecuentes cuando una persona da sus primeros pasos en el mundo del catado de estos destilados.

Los conocedores hacen énfasis en la necesidad de crear un buen álbum mental de aromas, para facilitar la fase olfativa en una cata. Mientras el catador haya expuesto su nariz a más aromas – con conocimiento de causa- más sencillo le será este paso. Por ello, cada vez es más común que en las catas de rones se coloquen pequeños envases con indicadores que, generalmente, se hallan en la nariz de una copa de ron: frutos secos, pasas, especias, conchas de naranja, vainilla, melaza de caña, café, chocolate, entre muchos otros.

Para algunos sommelier la clave radica en fijar el nombre de cada estimulo olfativo. Por ejemplo, si se huele una manzana verde, decir en voz alta “Manzana verde, así huele la manzana verde”. Los expertos señalan que la próxima vez que la nariz se exponga a un aroma similar, el cerebro automáticamente recordará que “así huele la manzana verde”. Para estos especialistas, cuando el comensal indica que no recuerda el nombre es porque su olfato reconoce el olor como familiar, sin embargo, al no haberlo olfateado conscientemente, el cerebro es incapaz de darle un nombre a ese estimulo en particular.

Así como de pequeños aprendimos los colores por asociación, y repitiendo el nombre decena de veces, podríamos aprender los aromas cuando, conscientemente, asociamos un estímulo de nariz con el nombre del alimento que la emana. Guardando así un archivo mental de aromas, conectados al nombre de cada descriptor.

En mi carrera como embajador de una de las marcas de rones más antiguas de Venezuela, he podido constatar lo difícil – y frustrante- que puede llegar a ser para el comensal tratar de descubrir aromas en una copa de ron. Obviar la percepción alcohólica que golpea en la nariz, y evitar irse por el cliché de comentar el olor a madera, son los primeros pasos que se deben dar para indagar en un ron a través del olfato.

Desde la sencillez de las pasas rubias hasta la complejidad de aromas del dulce de leche, o las galletas de mantequilla, el ron se pasea por diversos descriptores en nariz, e ir detectando estos indicadores de olfato debería de ser la parte más placentera de la cata. Cerrar los ojos ayuda a que la nariz se agudice; así como concentrarse en los aromas también ayudará a afinar la percepción de sabores cuando ya el ron llegue a la boca. La fase olfativa es personal, y subjetiva, después de todo nunca encontraremos el aroma de algo que no hayamos olido anteriormente en nuestras vidas.

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