¿Hasta qué punto la calidad de un ron está ligada a su botella?

Por Gabriel Balbás

Hace algunos días sostuve una interesante discusión con un consumidor. El comensal –que ciertamente tenía un criterio para la selección de rones- insistía en que se sentía mucho mejor cuando tomaba un ron que viene en botella laqueada de color negro, considerando que le caían mejor a su organismo que los de botella transparente. De ahí me preguntaba ¿Hasta qué punto la calidad de un ron está ligada a su botella?

Realmente, al igual que en los vinos y otros licores, la calidad del producto no es directamente proporcional a lo estilizado de su envase. Ciertamente, es normal que para productos de mayor categoría se invierta en botellas más llamativas y costosas, se agregue una caja en la presentación, o incluso se cambie la tapa de rosca por un tapón de corcho. Pero nada de esto influye en el sabor, más allá de percepciones subjetivas del consumidor.

Mi argumento para debatir con el comensal es haber vivido la transformación del ron venezolano Carúpano 12 años, que pasó de una botella transparente a una laqueada en color negro con letras doradas. La calidad del producto seguía siendo exactamente la misma que le había distinguido años atrás, solo que ahora en los anaqueles el comprador lo percibía más como lo que es: un producto Premium. Lo comprendía ahora como tal por la incorporación de un elemento diferencial en la botella (el laqueado) y por los toques dorados que evocan el oro y el lujo.

En Venezuela podemos encontrar productos de gama media en llamativas botellas, y por otro lado productos que pudiesen –por su madurez en barrica- estar en gama Premium, envasados en una botella de vidrio nada ostentosa, sin mayores pretensiones. De ahí la importancia de que las destilerías realicen degustaciones en los puntos de venta al consumidor, para que estos se convenzan con el sabor y no con el empaque; así como también las catas a ciegas, donde el comensal no tiene la subjetividad del peso de la marca que está catando, y al no guiarse por un nombre evalúa con objetividad.

Finalmente, también hay que comprender que la experiencia sensorial del consumidor comienza desde que elige la botella en el anaquel y la destapa en su mesa. Se siente orgulloso de su compra, y ese sentimiento influye en su percepción de sabores y aromas. Se siente un cliente Premium y así traduce lo que consigue en su copa. Pero en el anaquel quedaron quizá opciones más económicas de productos de altísima calidad, que tendrán que esperar a ser descubiertas a futuro.

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