Tres Hombres, un ron que se endulza en alta mar


Por: Faitha Nahmens Larrazábal

Quien crea que eso de levar anclas y conquistar los siete mares quedó en el pasado, en el mismo baúl a donde han ido a dar las utopías, se equivoca; lo que ha cambiado es el objeto de la conquista, al menos para estos tres hombres de mar, los cabellos largos, la pasión y el romanticismo como rasgo de identidad, la aventura como razón de ser. Imbuidos del sentido libertario que es esencial a la travesía, mejor si incluye vientos, han anotado en la asoleada bitácora de viajes, a bordo de su singular velero, que, a lo largo de seis años seguidos, y los que faltan, han completado sin contratiempos el itinerario trazado desde Europa y hasta América, y viceversa, ilusionados siempre por volver a los mares calientes del Caribe —aquí su Ítaca—, a donde llegan puntuales justo antes que la temporada de huracanes. Les resultan hipnóticas las reverberaciones turquesa de por acá.

Trío de Ulises de una inédita odisea de mercadeo en alta mar que, contra viento y marea, tiene como oficina, dirección postal y en vitrina, bodegas perfumadas de mercancía de exportación y distribución, el velero Tres Hombres que es además, con sus mástiles convertidos en obras de arte, galería andante. También, un referente del activismo ecológico más impecable. “Como nuestra forma de locomoción es con energía eólica no hay ningún tipo de emanaciones contaminantes”, dice Andreas Lackner, holandés que ha arrumbado a estas costas —conoce Venezuela— y quien ostenta antecedentes verdes, anclados en Greenpeace. “¿Sabías que 16 buques cargueros o cruceros producen la misma toxicidad que la suma de todos los automóviles del planeta?”.

“Como la película de la cineasta venezolana Malena Roncayolo, “De navíos, ron y chocolate”, la historia va justamente de eso, de desplazamiento y de sabores que son tradición y seducción atávica; pero el concepto, el proyecto Fairtransport Shipping & Trading abarca más”.

Tres Hombres es además una escuela de navegación para jóvenes interesados en aprender del mar así como a familiarizarse con los procedimientos del comercio moderno con clases en vivo; tanto pueden observar y tanto asimilan que algunos aprendices han querido hacer tienda aparte y ¡crear una etiqueta para la competencia! “No, nos preocupa, nos parece estupendo, más bien”, ríe Leckner. Es que también tienen acceso y son testigos de primera fila del proceso que experimenta un destilado mientras navega al Viejo Continente, oyendo el oleaje y hamaqueado por él, dentro de la panza de un velero rejuvenecido que avanza a merced de las sabias corrientes, según el mapa creativo de estos tres emprendedores sui generis —prefieren el brillo del mar a las lentejuelas—, promotores de un invento suculento de su autoría: el ron Tres Hombres. Así bautizaron el producto, a la embarcación y al proyecto, un ir y venir que se convierte en un laboratorio existencial flotante, donde conviven unas 50 personas con los tesoros empacados con conciencia verde.

Como la película de la cineasta venezolana Malena Roncayolo, “De navíos, ron y chocolate”, la historia va justamente de eso, de desplazamiento y de sabores que son tradición y seducción atávica; el concepto, el proyecto Fairtransport Shipping & Trading abarca más. La patente de corso que portan estos timoneles de la modernidad para ejercer el comercio, y la ocurrencia sustentable y feliz de crear una etiqueta de ron con trazas de vino, con la que dan en el clavo, es una parte del plan que se trae entre manos este trío pacifista. “Imaginamos que en los próximos años podrá prescindirse de la gasolina como energía para el movimiento y los barcos usarán velas de materiales resistentes: we just borrowed the world for our children”, dice Leckner. “El mundo lo tomamos prestado de nuestros hijos”. Invitado a dar una charla TEDx, Andreas Lackner, de jeans y coleta, a nombre del equipo diserta convencido de que hay que respetar la naturaleza, porque hay que respetar la vida, proponiendo el diseño de los barcos a vela que vendrán. “No, no quiero un cargo burocrático ni ejercer de funcionario público, pero quiero que contemos con un planeta limpio para vivir”.

Se conocieron los tres hombres en los afanes comunes, deshaciendo nudos en alguna playa o en la taberna de algún puerto. No pasará mucho tiempo hasta que llegan a un acuerdo: hacer del viaje forma de vida común y convertir el velero de 35 metros de eslora que rescatan de las fauces del olvido en que se entumecía desde el término de la Segunda Guerra Mundial, en el epicentro de su ocurrente e idílica empresa. A bordo de la embarcación construida en Alemania en 1943 y que remodelan con ayuda de voluntarios y aprendices combinarán el salir a flote con la necesidad irrenunciable de navegar; contribuirán con el medio ambiente con el ejemplo y difundiendo mensajes verdes mientras promueven el intercambio productivo de lo exótico. Una apuesta a ganar-ganar. Eso y el ron tan especial que producen les dará para vivir de la mejor manera: haciendo lo que aman hacer.

“La idea no es llevar aquello que producen los países a donde vamos, nada de papas a América, que de allá vienen, por cierto. De manera que si de regreso traemos chocolates, café y tabacos a Europa, y a Estados Unidos, porque tocamos puertos del Norte a la vuelta, pues a la ida, cuando vamos a América, ofrecemos quesos madurados y vino en barricas”. Vino que se evapora como por encanto no más se produce el arribo a los destinos cercanos. Aquella tentación aromática que no ha sido tan siquiera probada por una sola alma de la tripulación durante el trayecto —a bordo, nada de alcohol, ni pizca— es el brindis con caldos tintos o blancos lo que hace la fiesta del arribo. Comparten, reparten, colocan los vinos entre clientes y amigos hasta vaciar las barricas porque la idea es llenarlas, cual divino milagro de Caná, pero ahora con rones seleccionados.

“El ron Tres Hombres se ha alzado con premios y reconocimientos internacionales nada desdeñables: son un prodigio que produce impacto en bocas, mesas y mercados”.

Esto es Tres Hombres: una marca de destilados con bouquet muy personal y ya prestigioso, extractado a partir de la absorción de las esencias del vino en las barricas —memoria acogedora—, donde viajan rumbo a las Islas Canarias. En Destilerías La Palma, la casa española de Tres Hombres, los rones son embotellados y etiquetados, luego de la aprobación del maestro ronero de la firma, quien aconsejará acaso un toque de melaza para la delicadeza del sabor, ese que se ha ido perfilando durante los meses de travesía. El licor se imbuye de los aromas y las trazas que dejaron los mostos en las rugosas paredes de los contenedores, proceso de licuefacción que, por añadidura, acelerará el sinuoso vaivén de la navegación, el baile océanico a través de las aguas que en el arranque en las Antillas se ofrecen tibias.

Con el gusto providencialmente afectado por aquella sutil fusión, los futuros rones que han respirado aquellas reminiscencias a uva humedecida serán un éxito: el ron Tres Hombres se ha alzado con premios y reconocimientos internacionales nada desdeñables: son un prodigio que produce impacto en bocas, mesas y mercados. Plataforma de una iniciativa gastronómica que desarrollan desde un encomiable sentido ecologista, el ancla a tierra firme, o acaso el pretexto para celebrar la vida a los cuatro vientos, lo que sí es cierto es que este producto —como todo lo que está etiquetado como Tres Hombres— es una idea nada convencional que, eso sí, ha provocado suficiente jaleo. “El procedimiento se ha ido fraguando, comenzamos probando los rones más afamados, de mejor solera, los adquirimos y los sometimos a este proceso que es una especie de añejamiento extra en circunstancias especiales que redundarán en mejor gusto”, desliza Andreas Lackner. Efecto secundario que sabe a gloria, los rones provienen de República Dominicana, Puerto Rico, Barbados, y luego de ser mecidos en la cuna donde vinos maduros dejaron estela, se convierten en el nuevo elixir. El ron ya no será igual al llegar a puerto; tal es la sabiduría de los viajes: nada ni nadie es el mismo al cabo de la travesía.

Tres hombres que son y que se distribuyen los afanes de echarse a la mar, hacer publicidad al ron, diseñar las etiquetas, atender el mercado, el emprendimiento que destila originalidad, audacia, vitalidad, es también fuente de filantropía. Maestros de la generosidad y la defensa de la vida, socorren desde que ocurrió el terremoto de Haití a su gente. Para ellos en cada viaje traen frutos y provisiones, víveres y bienes de primera necesidad. No gobernarán pero son líderes. Tres Hombres es una marca de asombro y ya una leyenda que ha registrado el cine, para intriga de Jack Sparrow.

, , , , , ,