Viajes con sabor a ron: Curazao y su herencia del ron cubano


Por: Gabriel Balbás

Llegar a Curazao desde Venezuela es relativamente fácil, aunque en esta oportunidad viajo desde Aruba en un vuelo que pareciera que más tarda en despegar y aterrizar que el tiempo que se pasa realmente volando. De Curazao tengo muchas historias, la mayoría me las contaba mi mamá quien aún añora el crucero que conectaba a esta isla y a Venezuela desde las cercanías de La Vela de Coro. Ella me contaba que a mediados de los 70 y 80 había una ruta en barco que zarpaba semanalmente a las Antillas holandesas. Pese a muchos proyectos, el ferry no ha vuelto.

A Curazao la mayoría llega buscando perfumes y colonias, pues la isla ha ganado fama con los productos de tocador y cuidado personal. En la industria licorera Curazao es conocida por el popular “blue Curazao”, un licor que se elabora a partir de aceites extraídos de la corteza de naranjas que fueron traídas por los colonos. Pero mi propósito es otro, vengo a encontrarme con el Ron San Pablo, un destilado de origen cubano que se exilió en esta islita y es la razón de esta parada de viajes con sabor a ron.

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El ron que huyó de Fidel Castro

A diferencia de la mayoría de las islas caribeñas, donde el ron llegó casi de la mano con el cultivo de la caña de azúcar y el movimiento de esclavos, la historia de los rones de curazao es de muy nueva data, desde 1960 para ser exactos. Desde poco antes la familia Jonckheer importaba desde Cuba rones elaborados en la destilería de Justo González, y los distribuía en la pequeña isla holandesa. Cuando la revolución llegó a Cuba, Don González sabía que perdería su destilería con las nacionalizaciones, por lo que envió todo el ron que pudo –junto a la receta original- y vendió la marca a los curazaleños.

Con una receta casi secreta, que se dice que solo conocen 7 personas de la destilería San Pablo, el ron de origen cubano aún continúa elaborándose en Curazao, solo que la melaza ya no viene de la caña de azúcar cubana, sino que se la compran a productores de Sudamérica. San Pablo es el único ron curazaleño, y compite en el mercado local con el popular Black Cat de Surinam y el internacional Bacardí.

Conseguir el Ron San Pablo fue sumamente fácil, apenas llegué al Duty Free del aeropuerto El Hato encuentro varias estanterías con botellas de su valorado ron “nacional”. Siguiendo las sugerencias de los lugareños, lo pruebo puro y con 3 cubitos de hielo. Hay que admitirlo, tiene mejor calidad que la mayoría de los rones que elaboran las Antillas menores; sin duda el know how que se trajeron de Cuba les funciona para elaborar un buen ron estándar. El color, el aroma, y quizás algunos dejos de sabor, pueden recordar a los rones cubanos.

San Pablo es conocido como el ron que desafió a Fidel Castro, por lo cual los curazaleños no dudan en mercadearlo como el verdadero ron libre para realizar una auténtica cubalibre. Viene en su versión dorada (la que probé) y un San Pablo blanco, que se sirve en cocteles en las barras de clubes y casinos de la capital.

Curazao en un día

Curazao es pequeñito, caracterizado por sus vistosas fachadas de colores (la imagen más popular de la isla), el puente que se quita y se pone para que pasen los barcos, y la célebre playa de Porto Mari ¡Una de mis favoritas en todo el Caribe! Tras un largo día de recorrido, creo estar listo para seguir buscando rones en otras latitudes, es hora de agarrar vuelo y seguir la ruta.

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