Viajes con sabor a ron: San Martín y los rones saborizados con guavaberry

Por: Gabriel Balbás

De Curazao salen a diario los vuelos para San Martín, una isla que tiene muchísimas peculiaridades: entre ellas estar dividida entre 2 países –mitad francesa y mitad holandesa– y tener uno de los aeropuertos más peligrosos del mundo. Hacía esa isla enrumbamos el camino de viajes con sabor a ron, motivados por conocer los famosos rones nacionales, caracterizados por la adición de una fruta llamada guavaberry.

Colón descubrió este territorio en 1496, y lo bautizó con el nombre de San Martín de Tours. Durante siglos fue motivo de enfrentamientos, saqueos, y disputas entre españoles, holandeses, franceses e ingleses, quienes se asentaron y tomaron control de parte de la isla en repetidas ocasiones. Los franceses llegaron buscando cultivar tabaco, mientras los holandeses parecían más atraídos por las salinas. En algún momento se introdujo el cultivo de la caña de azúcar, lo que conllevaría más tarde al interés por el ron.

Finalmente, la isla quedó dividida entre los franceses quienes tienen el control de Saint Marteen en la parte norte. Mientras que los holandeses administran la parte sur, conocida como Sint Maarten. La división territorial de esta isla es la única frontera de la Unión Europea fuera del continente europeo.

Uno de los aeropuertos más peligrosos del mundo

El aterrizaje en el aeropuerto Princesa Juliana no tuvo nada tenebroso; supongo que los experimentados pilotos ya están acostumbrados a maniobrar en esta pista que comienza a par de metros del agua, en una playa donde los turistas esperan ver pasar los aviones casi rozando sus cabezas. En pocos minutos ya había bajado del avión, pasado migración y registrado en el hotel.

El licor de guavaberry

El primer recorrido del viaje es en busca del auténtico ron local. Un licor que puede encontrarse en cualquier tienda, ya que se le considera la bebida legendaria del folklore nacional. Sin embargo, la fábrica de Old Man Guavaberry Brand (distinguida por su logo del abuelito feliz) se encuentra en los alrededores de la capital de la parte holandesa de la isla.

La costumbre local es macerar los rones con frutas, en especial la de guavaberry, una pequeña baya que tiene la curiosidad de brotar de color naranja o vino tinto, pero con un sabor sumamente parecido en ambos casos. Al ron, previamente añejado en barrica, se le agregan las frutas –cosechadas manualmente- y azúcar para elevar el dulzor de la bebida final. Además de la baya local, también se consiguen versiones con vainilla, almendras, mango, limón y fruta de la pasión. Todas con una potente sensación alcohólica en nariz y en boca, además de un dejo dulzón.

El coñac como medida de calidad

El “abuelito feliz” también puede encontrarse solo, sin frutas, bajo el nombre de “Republic Ron” en sus versiones de 5 y 8 años de añejamiento. En ambos casos se trata de los rones no endulzados de la línea. Son destilados de color dorado intenso, aromas especiados y minerales, y con un sabor que recuerda a la madera y la azúcar morena en boca. Los fabricantes adoran compararlos con un coñac (por la influencia francesa), pero realmente es un sabor característico de los rones jóvenes caribeños. De todas formas, es el ron con guabaverry, por su toque diferencial, el que se lleva todos los méritos.

Después de probar los rones del abuelo, y bañarnos en la playa del aeropuerto, estamos listos para seguir el camino de viajes con sabor a ron. Las opciones: Explorar el lado francés de la isla, cruzar a la lujosa Saint Barth, o volver a Curazao y agarrar otra ruta que nos lleve a otros rones…

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