Andrés Deffit, el enamorado más joven del ron

Por Eleonora Mata

De formación eminentemente empírica, Andrés Deffit, un chico de tan sólo 18 años nacido en La Asunción, en la caribeña isla de Margarita, atiende desde hace unos 7 meses el espacio fabuloso de la calle Unión “La Bodeguita de Pablo”, logrando con su singular estilo y amplísimos conocimientos dar un vuelco a la experiencia de entrar a la cultura del ron, transformándose en una auténtica vedette a la hora de enseñar a conocer y probar un buen destilado.

Algunos podrían pensar que sus dos semestres de Biología Marina en la Universidad de Oriente son la razón de tan vasto despliegue de conocimiento, así como de la calidad del análisis y de las reflexiones que acompañan sus catas sobre el dorado elixir que se obtiene de la melaza de caña.

La Bodeguita de Pablo

Andrés Deffit Contreras confiesa que son un conjunto de factores que parecen haberse confabulado hasta resultar en esa mezcla perfecta de sabiduría, pasión y placer que expresa cuando tras la barra de madera del establecimiento, nos seduce y captura para siempre dentro del mundo de las especies añejadas en barricas de roble de segundo uso.

“Actualmente tengo interrumpido el semestre por ausencia de personal docente (debido a la fuga de talentos que ha causado la crisis económica venezolana). La biología es un campo que me ha atraído desde siempre aunque inicialmente quería estudiar veterinaria, algo imposible en la isla de Margarita. Oficialmente este es mi primer trabajo”, confiesa para dejarnos absolutamente pasmados. Y continúa: “Empecé como mesonero en el restaurante Guillermina donde me interesó primero el tema de la coctelería. Luego conocí La Bodeguita y fue como amor a primera vista”.

Andrés Deffit

Este enamoramiento que en su caso raya en fascinación, se produjo al sentir que en el ron tenía por delante todo un mundo por descubrir, por aprender e investigar, un territorio de conocimientos que invitan a ser explorados sin límite alguno. Al respecto agrega ofreciendo una confesión muy personal, que le cautiva sobremanera cuando un tema es tan extenso, que siente que puede y necesita profundizar en él y de ser posible, nunca acabar.

“El café como parte de la propuesta del espacio también me cautivó, ya que soy igualmente un amante empedernido de esta bebida. En La Bodeguita de Pablo se le rinde culto y se brindan experiencias alrededor del café, el chocolate, el tabaco y el ron, esto la hace única en Margarita. Sin embargo, poco a poco me fui interesando en las particularidades del ron, en su magia e historia, así como en los atributos exclusivos que distinguen y hacen tan especial al ron venezolano”, dice.

bartender

Cuando se visita La Bodeguita de Pablo y se comienzan a escuchar las suaves pero muy claras, elocuentes y coherentes palabras de Andrés respecto a las delicias que promete hacernos sentir, no queda más remedio que entregarse absolutamente a su sabia narrativa, que de manera similar al dulce embrujo del Flautista de Hamelin, nos atrapa alrededor de una fantástica travesía que de ninguna manera queremos concluir.

Casi podríamos afirmar que asistir a una degustación o cata de ron con Andrés Deffit es como estar frente a un hecho que oscila entre lo científico, lo lúdico y lo sensorial; es un acto de seducción total al que nos somete este chico de tez pálida, ojos claros y mirada inquisitiva, que termina por tomar las riendas del intercambio y volvernos sumisos como sucede con un acto de fe.

A medida que avanza la conversación en la barra vamos descubriendo varios hechos de su corta vida que lo determinan como individuo, como especialista del ron, y como avezado y obsesivo sujeto que ama el conocimiento.

Andrés Deffit en La Bodeguita de Pablo

“De mi padre aprendí a conocer el ron. Como todo niño sentí curiosidad respecto a esa bebida y de meter el dedo a escondidas, fui interpretando su sabor, identificando sus tonalidades, descubriendo las semejanzas y diferencias según la marca. De mi madre, aprendí a tener alegría por vivir, a saber que las cosas se pueden y deben disfrutar, y de mi abuelo tomé el empeño y la tenacidad por dominar la vida, y doblegarla”, rememora.

Cuando uno siente pasión, explica Andrés, sucede que se le dedica a eso que se ama más de lo estrictamente necesario. Asegura que si a uno le gusta lo que hace, le transfiere esta fuerza al que escucha, y eso es lo que entiende es parte del fenómeno que se genera en La Bodeguita entre su persona y los que vienen a conocer el espacio, o muchas otras veces, a repetir la experiencia.

“En este espacio la interacción con el cliente es de tú a tú. Sin importar quien sea, un embajador, un maestro ronero, o una persona común, siempre la experiencia termina siendo de tú a tú. Nos ubicamos en el mismo plano, y yo trato de brindar una propuesta de degustación que lleva implícito una transmisión de conocimiento. Siempre instruir a las personas es para mí fascinante. Otro punto que resalto de esta experiencia hasta ahora acumulada alrededor del ron, es haberme dado cuenta yo mismo cómo he podido aprender tanto”, narra.

Asegura que hasta ahora lo que más le ha marcado, fue cuando condujo la cata para el señor Fernando Ochoa, gerente general del Fondo de Promoción del Ron de Venezuela (Fonproven) a quien por supuesto abordó sobre todo lo relativo a la obtención de la denominación de Origen (DOC), con ese afán de aspirar, de succionar de cada oportunidad el mayor aprendizaje posible.

“Él vino sin revelar quién era y salió tan satisfecho que al día siguiente regresó para dar una cata en conjunto en la cual nos explicó todo alrededor de la Denominación de Origen Controlado. Tuvo la amabilidad de darme su información de contacto para cualquier consulta, y al final me precisó que le estaba preguntando cosas que él no se había preguntado”, cuenta.

Andrés habla con su léxico sosegado y bien construido de las notas de cata de cada ron, que si bien por legislación, en Venezuela no se admite agregados al líquido, acaba de descubrir que una de las casas roneras ha experimentado incorporándole semillas de cacao. Continúa su exposición transitando los métodos de añejamiento, las gamas, estándares, o el blend, y le brillan los ojos al referirse al proceso maravilloso de entender que las barricas en la noche se dilatan, expanden sus poros, y dejan entrar mayor carga de oxígeno para derivar al correr del tiempo en un producto con especificidades y armonías diferentes incluso dependiendo de su ubicación en el almacenamiento dentro de la bodega.

Le preguntamos, ¿qué nos puedes sugerir al momento de probar un ron?

“En el caso del ron debe prevalecer la paciencia, pues esperar para degustar el trago nos va a permitir que emerjan todos sus sabores y congéneres aromáticos, y se suavice tras el reposo del producto la presencia del alcohol. Así uno puede apreciar las notas que le son propias como a chocolate, sarrapia, frutos secos o tabaco, porque el producto evoluciona en el vaso tras ser servido. Vasos cortos y anchos es otra de las reglas para la experiencia, y, por lo general. la forma más adecuada de degustarlo es sólo o en las rocas, esto permite principalmente respetarlo y poderlo saborear íntegramente”, detalla.

Si visita la Isla de Margarita, por favor, dese el gusto y vaya a conocer en La Asunción a Andrés Deffit, joven que con elegancia y destreza logra no sólo trasmitir en profundidad los atributos de este producto tan maravilloso del Caribe como es el ron, sino además cautivarnos para hacer del encuentro una auténtica cátedra detrás de la barra.

, , , , , , , , , , , , , , , , ,