República Dominicana: Entre tabacos y rones

Por Gabriel Balbás

Desde que empecé con Viajes con sabor a ron siempre tuve claro que la República Dominicana sería un destino fijo. Después de todo, esta isla tiene un profundo arraigo por la producción ronera, a la par de países como Cuba, Puerto Rico, y Venezuela. La llegada a Santo Domingo es amigable, y los dominicanos rápidamente te hacen sentir como en casa. El trato amable y jocoso es similar al del boricua o el venezolano, lo que hace pensar en el ron como elemento que moldea la personalidad de los lugares donde se destila la melaza de caña de azúcar.

La zona colonial de Santo Domingo es todo un deleite para los sentidos; coloridas fachadas de antaño, caminos empedrados, museos, iglesias y plazas que invitan a sentarse. Toda una escenografía caribeña que se destaca bajo el brillo de un implacable sol resplandeciente, que de a ratos sofoca y hace que el cuerpo quiera más una cerveza (marca Presidente) que un ron añejo.

El ron dominicano es un legado colonial

El cultivo de la caña de azúcar en la isla La Española –compartida por los territorios actuales de Haití y República Dominicana- fue introducido por los españoles desde Europa en la época colonial. Los dominicanos, al igual que el resto de territorios hispanohablantes, elaboran el ron a partir de melaza de caña (un subproducto residual del proceso de la extracción del azúcar al jugo prensado de la caña) que posteriormente maduran y envejecen en barricas de madera, para dar sutileza y complejidad a los aromas y sabores.

¿Barceló o Brugal?

En República Dominicana se puede decir que el ron es la bebida nacional, y esta afirmación se sustenta en las múltiples marcas que pueden encontrarse en una visita a las bodegas del casco antiguo, o a los anaqueles de los grandes supermercados. La familia Brugal estableció su marca de destilados en 1880, cuando Don Andrés Brugal llegó desde Cuba y se dedicó al negocio ronero en la zona de Puerto Plata.

Casi 50 años después, en 1929, Julián Barceló fundó su destilería en pleno Santo Domingo, comenzando así la lucha por las preferencias del consumidor local, siendo estas las 2 marcas más bebidas en la isla.

En los alrededores de la plaza Colón, una zona muy concurrida por los turistas que desembarcan continuamente de enormes cruceros, las 2 marcas principales compiten en favoritismo con la tradicional Ron Bermúdez, el ron más antiguo del país, elaborado desde 1852; y el esnobista ron Atlántico que se ha hecho muy popular desde que el cantante Enrique Iglesias comenzara su participación – y campaña de promoción- en esta destilería local.

Rones y tabacos dominicanos

En las calles de Santo Domingo los rones se toman generalmente en las rocas, con unas piedritas de hielo, y se les acompaña con un buen tabaco dominicano, elaborado magistralmente en las múltiples tabaquerías que hacen vida a lo largo de las calles de la zona colonial. Desde las vidrieras se puede ver cómo los torcedores de tabaco elaboran cada pieza, con la delicadeza y destreza de un oficio que en la mayoría de los casos desempeñan por herencia familiar. Son estos aromas y sabores tostados -y hasta especiados- los que avivan las mejores notas de los buenos añejos dominicanos.

También hay espacio para la globalización, combinando los sabores del ron local con algunas delicias foráneas como las donas de Krispy Kreme, demostrando que los rones son el acompañante ideal para postres rellenos con chocolate o dulce de leche… Justamente con una caja de donas, unos cuantos habanos, y un par de botellas de ron salí de la República Dominicana, convencido de que debo volver, porque me faltaron muchos rones dominicanos por probar.

¡El viaje debe continuar!

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