Ron cubano, cheque para los checos

Por: Faitha Nahmens

Suscrito por Mel films, una productora anclada en Los Ángeles, circula en las redes un documental de factura reciente en el que el ron cubano, imán de diatribas ideológicas, celebérrimo instrumento de propaganda y seductora arma política, podría convertirse en contraparte de un inusual acuerdo económico que estaría por suscribirse. Se trata de un proyecto audiovisual, This film used to be about rum, en el que el destilado, además de señuelo de la historia, y su nudo y desenlace, es también contenido de aromas complejos que se destapa y se derrama fuera de la isla y mucho más allá del bar. Este corto de 18 minutos es una mezcla de tonos poco dulces en boca: pasa por las gargantas regañándolas cuando pretenden ser voces alzadas que piden libertad. Helándolas.

Realización sobre el ron que no puede evitar hacer foco en la Cuba roja, el proyecto fílmico hace un paneo conmovedor en la muy añejada escena, que evoca desde la expatriación del ron Bacardí y la creación de la respuesta oficialista llamada Havana Club hasta los conflictos vitales y existenciales más inquietantes, sin obviar el insoslayable paisaje de paredes descascaradas que albergan sueños y temblores, edificios históricos que sobreviven de pie, carromatos tirados por caballos, la clásica buena música interpretada en las esquinas, la reproducción de fotos de gente golpeada en las calles por oponerse a la dictadura, la recurrencia de vallas del culto y el registro de toda la iconografía de un régimen tenaz y de envejecimiento inmediato, que cada día es más oscuro, más pesado y donde no hay nariz que respire.

Es una exploración que se sale del guión original, y cuyos alimonados hallazgos forman lágrimas. Entre las tantas escenas surcadas por la sospecha y automóviles que suenan como una coctelera, hay dos segundos para la portada del Granma en la que al titular “Fidel es Cuba”, acompañan un damero de 50 caras de Castro. Pero la cámara llega más lejos. Va a Washington, encalla en Miami, esa otra parte de la isla que es herida lamida por el mismo mar —el mar Caribe y gozón, pero no el de la felicidad—, y recala en la República Checa, en busca de una revelación: ¿Podría el ron convertirse de mercancía en dinero líquido?

Desde los tiempos en que la isla orbitaba alrededor de la imperialista URSS, y Checoslovaquia no se había roto, Castro inició un proceso de endeudamiento que ahora es rémora, fardo. Hace unos dos o tres años el tema ha vuelto a la mesa con una solución insospechada que involucra al ron Havana Club, el que sustituyó al Bacardí, la marca extrañada por la revolución, y que, instalada en Puerto Rico, siempre ha dicho que tiene la receta auténtica y es cubana aunque no esté la fábrica en Cuba. Al parecer el ron Havana Club, símbolo revolucionario donde bebe el nacionalismo, podría ser el objeto de canje con el cual Cuba pagaría los 270 millones de dólares que le adeuda a la República Checa.

El ron, históricamente protagonista de la celebración con mar de fondo, en esta ocasión será más que el sabor del brindis que sellará la firma de un convenio que se baraja. Será el contenido. El cheque con que pagar a los checos. Como petróleo, en sus barriles y barricas. Producto fundamental en el comercio de las Antillas, a partir de la introducción de la caña de azúcar, en el año 1493, el ron llegó a ser incluso moneda de cambio. Increíble deja vú, el asunto parece un chiste, pero los que ofrecen su testimonio en este corto dejan claro que no lo es. Lo que sí caracteriza la propuesta de cuya certificación de origen asumen los checos es su difícil ejecución. Toca calcular cuántas botellas deberían enviar los cubanos hasta dar por honrado el compromiso contraído, y no se sabe aún quiénes, si los cobradores o los deudores, tendrían que pagar el transporte de la inmensa carga, y si esta es deducible del costo la producción. ¿Cómo sacan cuentas los socialistas?

Sí intuyen los acreedores, según declara Tomas Zdechovsky, miembro del parlamento europeo y al tanto de estas negociaciones, que serán tantas botellas por cada checo que la población estará bebiendo hasta el día de su muerte. El diario inglés The Guardian calcula que por 130 años. “No sé quién beberá todo este ron”, suspira Zdechovsky en la película “y sé que la idea puede alentar la corrupción ¿cómo determinar el valor del ron, el precio?”. Sin embargo, otra circunstancia lo desanima más y le parece indeseable, en el sentido ético: son niños de 12 años los que cortan la caña en Cuba, los que se afanan con la zafra. “Tomamos sin perturbarnos un ron fabricado desde la insensibilidad, violando derechos humanos”. Él mismo ha apurado un trago para apaciguar el impacto que le produce en Cuba ver tanto oprobio y gente “vencida”.

Clave democrática que organiza y sistematiza, cuando la política deja de ser pensamiento que permea el modelo para convertirse en dogma inobjetable, lo que ocurre es eso que tan mal sabor nos deba en la boca y en el espíritu: el totalitarismo. La oxidación de los contenidos y la evaporación del gusto. Frank Calzón, del Centro para una Cuba Libre, entrevistado para el documental en su exilio en Florida, asegura que aunque salió de su país cuando tenía 16, sigue allá, en la isla, y que trabaja enfrascado en la causa ayudando con campañas a favor de los que necesitan ser oídos. El documental que es ron y chaparrón registra entonces el caso de los 16 funcionarios de la embajada estadounidense que, por causa de lo que llaman un atentado sónico, acaban de perder la capacidad auditiva.

Luego de reanudar relaciones diplomáticas al cabo de 50 años y luego que Obama fuera a Cuba después de que su cumplieran 90 años de la última visita de otro presidente de Estados Unidos a la isla, Fulton Armstrong, del Centro de Estudios Latinoamericanos en Washington sostiene que no se debe perder la esperanza y le susurra al conductor del documental cuál podría ser su norte, el de esta producción impregnada de esa mezcla de circunstancias exacerbadas con levadura, difíciles de tragar: “Viniste a hacer un reportaje sobre el ron pero te encontraste con algo más importante qué decir sobre el futuro de Cuba y de la región, eso es válido”.

En un mundo donde 40 países producen 400 marcas
de ron, y se valen las mezclas, en Cuba se desdeña todo tipo de maridaje. País de partido único y del que muchos parten, de un ron que paga la cuenta y cuentos que son borrón que nos pega, corresponde querer y liberar. Persistir en la apertura. ¿Quién no querría la de Cuba? Cuba se le dice al barril, pues que se abra. Basta de fermentación, urge brindar en un cuba libre, con el trago que la presagia a la salud de todos.

 

Puede ver el documental completo subtitulado en español aqui:

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