Viajes con sabor a ron: Hay 2 tipos de puertorriqueños; los que toman Bacardí y los que beben Don Q

Por: Gabriel Balbás

Este viaje con sabor a ron viene cargado de todo el estilo de los destilados boricuas. Ningún viaje por el mundo del ron estaría completo sin Puerto Rico; después de todo en esta isla se exilió la célebre Bacardí. Tampoco un recorrido por el Caribe estaría completo sin una parada en la denominada isla del encanto. Un territorio que se debate entre su arraigo latino-caribeño y una cultura estadounidense que se evidencia en la cotidianidad del puertorriqueño. Llegar a Puerto Rico es fácil, la aerolínea American Airlines conecta a la nación boricua con un buen número de aeropuertos internacionales.

Cristóbal Colón descubrió la isla durante su segundo viaje en 1493, y la llamó “San Juan Bautista”; posteriormente a la capital se le conoció como Puerto Rico, por todas las riquezas que salían desde ese punto hacia Europa. Con el tiempo los nombres se intercambiaron, quedando el total de la isla bajo el nombre de Puerto Rico, y San Juan quedó reducido solo para designar a la capital.

Se cuenta que el ron llegó a estas tierras en 1520, cuando comenzó a realizarse en una central azucarera de la región de Añasco. Ya para 1550 el ron se destilaba en la populosa región de Bayamón, y años más tarde vendría la exportación. Los rones se convirtieron en la bebida favorita de los boricuas de todos los estratos, desde esclavos hasta colonos, además de ser muy apreciado por los piratas para sus viajes en altamar.

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¿Bacardí o Don Q?

Es justamente en Puerto Rico donde se pone de manifiesto una de las rivalidades de marcas roneras más férreas. Parece que hay 2 tipos de puertorriqueños: Los que beben Bacardí y los que toman Don Q.

Bacardí llegó en 1936, cuando sus dueños buscaban producir rones dentro de territorio estadounidense para ahorrarse aranceles de importación. La empresa llegaba de Cuba, donde fue fundada en 1862. Tras la expropiación de sus bienes por el gobierno de Castro, la marca se exilió y arraigó en suelo puertorriqueño, convirtiendo su fábrica en la isla en una de las destilerías de rones más grandes del mundo. Pese a no ser de origen nacional, los boricuas han adoptado al ron de Facundo Bacardí como propio, y en sus anaqueles y bares exhiben toda la línea de sus productos.

Quizá el más emblemático es el Bacardí Gold, un destilado elaborado bajo el método de añejamiento en roble, que le confiere notas acarameladas y avainilladas a la mezcla. Una de los rones añejos más populares en el mundo. Casi a la par se encuentra el Bacardí blanco, muy utilizado para realizar el clásico mojito. También es muy común que en estas zonas se sirva la Cuba libre elaborada con el ron blanco de Bacardí.

Tal vez menos conocida internacionalmente, pero superior en las preferencias del consumidor local, está la marca Don Q; el ron que los detractores de Bacardí recalcan como el verdadero ron de Puerto Rico, en un énfasis en el nacionalismo Boricua. Se trata de un destilado de calidad, también realizado a partir de melaza y añejado en barricas. El nombre hace alusión al personaje “Don Quijote” ya que los fundadores llegaron a Puerto Rico desde España, estableciendo una plantación de azúcar en 1830 y la posterior destilería en 1865.

¿Cuál es mejor? Personalmente puedo decir que es cuestión de gustos, porque ambos rones son de excelente calidad. Ahora bien, si estás en Puerto Rico yo me decantaría por tomar Don Q, ya que Bacardí es una bebida que podríamos disfrutar –literalmente- en cualquier parte del mundo.

Si del mejor mojito se trata, uno de mis favoritos en la isla fue el del lobby del hotel La Concha en San Juan, aunque realmente son muchas las opciones. Incluso, el boricua es tan cercano, que en una conversación de algunos minutos ya se siente tu amigo, y algunos barman pueden invitarte a fiestas más de calle, incluso reuniones que hacen entre amigos, donde hacen gala de sus mejores rones y sus destacadas recetas de coctelería caribeña.

No se puede dejar Puerto Rico sin haber comido mofongo, el tradicional plato de plátano majado coronado con carnes. Tampoco se puede perder el recorrido por el viejo San Juan, con todo su aspecto colonial; y sería pecado no bañarse en alguna de las tantas playas hermosas que tienen desde San Juan hasta Carolina.

Me despido de Puerto Rico porque el recorrido debe continuar. Pero confieso que esta isla se queda dentro de ti, es un sentimiento de apego muy especial, por lo que estoy seguro que muy pronto estaré de vuelta, entre tragos de Bacardí y Don Q.

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