Ronera Santiago de Cuba: un mensaje de calidad y tradición en cada botella

Tras el encanto que guarda una botella de ron, hay una multitud de gente capaz y laboriosa que tiene en sus manos, además del encargo social de su industria, toda una tradición que también es sinónimo de cubanía, y así lo demuestra la Ronera Santiago de Cuba.

En esta ciudad se encuentra la fábrica de ron ligero más antigua de la nación, que fuera fundada el 4 de febrero de 1862 por Don Facundo Bacardí; de ahí que se considere a la segunda urbe cubana como la cuna de este exponente de la tradición licorera. Pocas empresas tienen una significación cultural tan importante como la Ronera Santiago de Cuba, perteneciente a la corporación Cuba Ron.

Reconocida por la originalidad de sus productos, la entidad se empeña en ofrecer bebidas capaces de satisfacer las exigencias de los más diversos clientes dentro y fuera del país.

Actualmente produce, comercializa y exporta rones  y otras bebidas alcohólicas de amplia variedad con estándares que la sitúan entre las más competitivas de su tipo en Cuba.

Según Liliana Mengana Orozco, directora general de la Ronera, “el secreto” del desempeño favorable de esta institución está en la convergencia de factores como las capacidades de un colectivo motivado y altamente calificado, un selecto equipo de maestros roneros,  la utilización de materias primas óptimas y el desarrollo de procesos productivos seguros para el medioambiente y para el trabajador. Todo lo anterior, sumado al uso de tecnologías avanzadas y elementos tradicionales de la creación de las bebidas, ha permitido que las marcas santiagueras se distingan por su exquisitez.

A decir de Mengana Orozco, son fundamentales la selección del aguardiente, la mezcla precisa y sucesiva de las diferentes bases añejas y el añejamiento tradicional y natural en barriles de roble blanco.

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Desde 2009 la industria cuenta con un sistema integrado de gestión que le permite respetar celosamente los acuerdos con sus clientes, pactados sobre la base de las legislaciones sobre bebidas alcohólicas vigentes en cada país; y proporciona una base sólida para las iniciativas de desarrollo sostenible.

Recientemente, la Oficina Nacional de Normalización otorgó a la Ronera los certificados que acreditan la Calidad (NC ISO  9001); la Inocuidad de los alimentos (NC ISO 22 000); Medio ambiente (NC ISO 14 001) y Seguridad y salud en el trabajo (NC 18 001). Asimismo, se certificó la Conformidad del producto de las marcas “Santiago de Cuba” y “Caney” con los requisitos de la norma cubana NC 113: 2009. Sin dudas, se trata de una confirmación de la eficiencia y calidad de la gestión de esta empresa.

Para quienes gustan del ron ligero cubano, no hay mayor placer que el que producen el olor, el sabor y el color de un buen añejo. Es un deleite de los sentidos que comienza con la danza suave de las gotas por las paredes del vaso —señal inequívoca del añejamiento en toneles de roble blanco de casi un siglo de explotación—, y llega a su clímax en la degustación del líquido caliente y fuerte, que se desliza por la garganta con la sensualidad de un amante. Casi nadie lo advierte, pero son precisamente esos instantes de fruición la mayor prueba de que en la industria se hizo un buen trabajo. Ese es el mensaje de calidad y tradición que llevan por todo el mundo las botellas del ron que se hace en Santiago de Cuba.

Fuente: sierramaestra

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