Viajes con sabor a ron: buscando un destilado en Nueva York

Aunque siempre sobrarán las razones para aventurarse en un viaje a Nueva York, había un motivo muy particular que me llevaba a alejarme momentáneamente del sol caribeño para internarme en el frío invernal del norte de los Estados Unidos: Owney’s, un ron blanco elaborado a partir de caña de azúcar de la República Dominicana que se destila en pleno corazón de Brooklyn.

Un ron en Nueva York

La idea de probar un ron elaborado en la Gran Manzana me parecía tan fascinante como la historia de Bridget Firtle, una neoyorquina que –a pesar de provenir de una familia de empresarios- se apasionó por el mundo del ron y los espirituosos, hasta el punto de dejar su trabajo corporativo en Wall Street para fundar (en 2012) la primera destilería de rones que se instalaría en Nueva York en casi un siglo.

Un año de trabajo duro y errores fue suficiente para que Firtle tuviese la receta de su propio ron, comenzara a producir sus primeras botellas, etiquetarlas y saliera en su vehículo personal a comercializarlas. Estaba logrando un gran sueño: devolver la cultura del ron a su ciudad natal.

Odisea

Una oferta de vuelo a último minuto, y un amigo que me ofreció hospedaje en las afueras de la Big Apple hicieron que este Viaje con Sabor a Ron se desviara desde Miami hasta el impresionante Times Square. Sin embargo, el resto del recorrido no fue tan fácil, la destilería no contestaba mis correos ni atendían las decenas de llamadas telefónicas que realizaba a diario. Además, la única visita abierta al público requería una reserva previa y se realizaba sólo los viernes, cuando mi pasaje de retorno estipulaba volver un día antes no tendría opción.

Comencé a recorrer las tiendas de licores de lujo de la ciudad, paseaba los anaqueles de rones de los supermercados, pregunté en varias barras de lujo en Manhattan, pero todo fue en vano, el ron Owney’s no era fácil de ubicar; muchos decían haberlo escuchado, pero nadie lo había probado. Tenía que olvidarme de ese ron por los momentos y explorar otras opciones; si algo he aprendido como mochilero es que no se puede tener todo planificado a la precisión, hay que aprender a cambiar a veces de ruta.

Del postre al ron

En unos de esos momentos en que comencé a disfrutar de Nueva York a través del turismo gastronómico, terminé yendo a Magnolia Bakery, una cadena de pastelerías que abrió en la ciudad en 1996 y se hizo muy popular gracias a sus cupcakes. Tras montarse en la ola de la moda de los ponquecitos, y aparecer en la popular serie de la cadena de TV de HBO, Sex and the City, las panaderías Magnolia se convirtieron en una atracción turística de esta urbe; sus locales siempre permanecen atiborrados de compradores que hacen largas filas para obtener una pieza de sus horneados.

Ron y cupcakes

RumChataHice mi larga fila, mientras sondeaba entre los otros compradores. El Red Velvet Cupcake es sin duda el gran favorito; ideal a mi juicio para acompañar un buen ron que compraría para hacer un ejercicio de maridaje al más puro estilo neoyorquino. La selección del acompañante fue clara cuando visualicé en la licorería una botella de licor en crema llamado RumChata. La propuesta de ron, cremosidad, y especias serían la combinación ideal para un cupcake.

RumChata – ron y horchata-  se produce desde 2009 en Wisconsin en los Estados Unidos. Su nombre se debe a la composición del producto que resulta de la mezcla de rones ligeros del Caribe con crema de leche de Wisconsin y especias, emulando una horchata: bebida tradicional de España que se realiza con chufas (tubérculo), agua, azúcar y especias.  Básicamente es una combinación de crema de leche, ron, y vainilla lo que hace que RumChata sea un producto ideal para acompañar un postre.

Ron del caribe, crema de Wisconsin y ponqués de Nueva York

cupcakeLa combinación de los cupcakes de Magnolia con el licor de ron RumChata fue una ocurrencia sublime. Ya entiendo por qué le llaman “La bebida oficial del paraíso”; tanto las cajas de la pastelería, como las botellas de este licor lucían lujosas y elegantes, parecían hechas el uno para el otro. La explosión de aromas a especias al destapar los postres y el ron era envolvente.

En boca la combinación no me defraudó, exaltando la cremosidad y las especias de cada bocado. Un éxtasis al paladar armonizando con el cupcake de zanahoria, por la explosión de la canela; y muy sabroso con la red velvet por la untuosidad de las cremas. El RumChata parece hecho a la medida de los cupcakes. Quizás por ser productos pensados para el paladar local.

No conseguí el bendito Ron neoyorquino, sin embargo, terminé disfrutando una experiencia con el licor de ron producido en Wisconsin y los postres más de famosos de Nueva York. Una de esas casualidades que los sentidos y la buena mesa terminan regalándote en los Estados Unidos ¡De nuevo el ron me sorprende con su versatilidad! Y New York me vuelve a enamorar con paisajes y bocados.


Gabriel Balbás

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