Viajes con Sabor a Ron: Desde las Islas Vírgenes a La Guaira

Los días de navegación son tediosos para mí. Esto de no poder bajar del barco y pasar horas en altamar es la parte que me pone a dudar que haya sido un pirata en la vida pasada; aunque me gusta esto de tomar ron y descubrir islas, estar flotando en el medio de la nada no me entusiasma demasiado. Al resto de los pasajeros parece no incomodarles, pues aprovechan para tomar sol en una tumbona desde la cubierta del barco…

Ron, mar, piratas y sirenas

Sugar IslandEn el medio del mar es fácil alucinar. Si es sencillo abstraerse de la realidad en pleno siglo XXI, imaginen cómo sería estar por semanas a la deriva, sin rumbo fijo, por allá en el siglo XV. Yo creo que por eso los piratas amaban el ron, porque aceleraba el proceso alucinógeno, los ponía imaginativos con facilidad. Al final cuando uno está ebrio en un barco no sabe si el bamboleo es por el alcohol o porque realmente el barco se mueve por el oleaje fuerte. El ron pone diversión a la cosa.

Mientras destapo una botella veo en la etiqueta una sirena y me río solo. No sé por qué me da por pensar que tal vez el ron tenía la culpa de que los piratas vieran animales marinos y se imaginaran hermosas sirenas. Así es la etiqueta de “Sugar Island”, un ron embarrilado en las Islas Vírgenes Estadounidenses (VIUS) y embotellado en Mira Loma, en la ciudad de Jurupa Valley en California. Bajo el lema “Seducción en cada sorbo” los rones de Sugar Island se comercializan en el mercado estadounidense con sus sabores a coco y especias.

Solo once vírgenes

Estas islas son parte de los territorios no incorporados a los Estados Unidos y se componen de Saint Thomas, Saint Croix y Saint John que, a pesar de no formar parte de su territorio nacional, están bajo su soberanía. Es una figura que también aplica para las Islas Mariana, Guam y Samoa. Colón descubrió el archipiélago en 1493 durante su segundo viaje y lo bautizó como la Isla de Las Once Mil Vírgenes, como homenaje a la leyenda de Santa Úrsula y las once mil vírgenes que sólo eran once: Úrsula, Marta, Saula, Brítula, Gregoria, Saturnina, Sencía, Pinnosa, Rabacia, Saturia y Paladia. El uso y la costumbre hizo que este grupo insular adoptara el nombre de Islas Vírgenes Estadounidenses y tal como sus vecinas Británicas y Españolas, hay que llamarlas por su nombre y apellidos.

En todo caso, en esas pequeñas islas se cultiva la caña de azúcar que ha servido para obtener la melaza necesaria con la que elaboran rones estadounidenses como Cruzan y Sugar Island, por ejemplo, siendo un importante proveedor de rones para el mundo.

El ron que sabe a conservas de coco de La Guaira

Gabriel Balbás“Deja que el encanto de las islas te seduzca con cada sorbo. Olas de sabores apasionados y aromas exóticos que te hacen señas, incitando a cancelar la búsqueda y quedarte un rato… Bienvenido a Sugar Island”.  Así describe la marca la experiencia de este ron, y parece que lo hubiesen escrito pensando en mí en este momento; una invitación a dejar de buscar y quedarse por un rato en el medio de la nada, con solo el mar caribe rodeándome, el sonido de las olas golpeando el barco y una copa de ron en la mano ¡Estoy en Sugar Island!

Este ron tiene aromas marcados a coco y a tostados. En boca, ambas notas se intensifican al máximo: mucho coco tostado y bastante toque a caramelo quemado. ¡Sabe a conserva de coco! De aquellas que venden en Venezuela, en la autopista que comunica a Caracas con La Guaira, principal puerto del país, en el litoral central. Unas mujeres de piel de ébano desfilaban, en perfecto equilibrio y manos a las caderas, con sus coronas horizontales sobre las que sostenían cientos de conservas de coco para vender a turistas y locales que subían a la capital o bajaban a los baños de playa, mar, arena y sol. ¡A eso sabe el ron Sugar Island de California, a conserva de coco en sorbos!

Un postre en copa

Con escasos 21 grados de alcohol, este ron es casi un postre con un toquecito alicorado. Es como comerse un quesillo o flan de coco flambeado en ron; o como una crema catalana con ralladura de coco.  Parece cremoso en boca, pero es solo una percepción subjetiva, porque visualmente es un destilado incoloro, translúcido, y medianamente viscoso. En este punto solo me faltaría un jugo de piña para mezclarlo y que me supiera aún más a trópico o me recordara a la conserva de coco y piña que vendían las haitianas en el boulevard de Sabana Grande, también en Caracas. ¡Quién sabe!

Hoy no me bajé del barco, pero un ron me hizo viajar sensorialmente a las Islas Vírgenes Estadounidenses, a California, a La Guaira y a Caracas. Hoy, mientras nos dirigíamos de isla en isla, conocí Sugar Island, ¡El ron que sabe a conserva de panela y coco!


Gabriel Balbás

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