Viajes con Sabor a Ron: Llegamos a Guadalupe para probar Ron Agrícola

Por: Gabriel Balbás

Es indescriptible la emoción de amanecer cada día en un puerto diferente. Te fuiste a dormir, y sin darte cuenta (Más allá que uno que otro bamboleo) te despiertas en la isla francesa Guadalupe. Desde la cubierta puedes observar un paisaje con mucho más aire de “urbe” que los destinos anteriores, y sus vecinos cercanos. En Guadalupe hay edificios de mediano tamaño, algo que no es muy común por estos lares, y la estructura desde la distancia se muestra como una ciudad con cierta planificación.

Mi primer contacto en la isla me hizo intuir que me gustaría este destino. Hubo 2 cosas que me llamaban poderosamente la atención: primero, el afamado Ron Agrícola que se elabora en las islas francófonas; un método de elaboración muy diferente a la manera británica con la que se hacen los rones en el resto del Caribe, y que sería el plato principal de este viaje con sabor a ron. Lo segundo, es que Guadalupe es llamada la isla de las especias, y desde que te bajas -en cada puestico de mercado callejero- percibes las grandes varas de canela, las vainas de vainilla natural, las pimientas, la cúrcuma, la nuez moscada, y una mezcla de estas especias que venden especialmente para macerar los rones.

9 destilerías de ron funcionan en Guadalupe

Descubierta por Cristóbal Colón en 1493, Guadalupe estuvo ocupada por los españoles hasta 1635, siendo estos últimos quienes introdujeron la caña de azúcar y movilizaron esclavos desde África para trabajar los cultivos. Teniendo la caña como economía principal durante años, no es difícil entender de donde viene la tradición ronera que aún, hoy por hoy, mantiene 9 destilerías operantes en este pequeño archipiélago.

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Aprovechando el transporte público para bañarnos en las playas de Guadalupe

En este viaje, otros venezolanos se unieron a mi idea de caminar por el “Downtown”. Anduvimos por calles amplias, visitamos algunas tiendas y finalmente llegamos al mercado de las especias. Fue ahí cuando una señora cubana se nos acercó y nos sugirió ir a la playa; en principio nos negamos, alegando que un taxi nos cobraría al menos 7$ por ir, pero la cubana hablaba de ir en autobús por un costo de alrededor de 2$… esa idea nos pareció genial. Finalmente nos entusiasmamos a ir.

Subimos al autobús ante la mirada incrédula de los lugareños, aparentemente no es común que los turistas utilicen el transporte público. Una vez montado, mientras pasábamos mucho calor en un bus que no arrancaba, nos percatamos de un hecho curioso, estábamos en Guadalupe el día de la virgen de Guadalupe. Creo que eso era algo muy particular que tal vez ni planificándolo lo hubiese logrado…

La playa era un paraíso de aguas azules que se perdían de vista en el horizonte, únicamente contrastada con el blanco de los yates que se podían observar a la distancia. El oleaje era muy suave y sus aguas eran poco profundas, por lo que la única preocupación era tener que regresar a tiempo (siempre hay el miedo de que se haga la hora y el barco se vaya sin nosotros).

Primer contacto con el ron agrícola

De regreso al barco pasé por una tienda de rones nacionales que había visitado antes de ir a la playa. Su dueño era un muchacho apasionado por los rones de su país, y me ilustró sobre sus destilados. Había varios agrícolas y unos pocos elaborados con melaza. Como era mi primer contacto con los denominados rones agrícolas, me aconsejó comenzar con el más popular – y relativamente económico- el Damoisean Blanco. En la misma tienda me sirvieron una copa, y comenzamos con esta forma desconocida de rones para mí.

Los rones agrícolas son realmente otra cosa. Recuerdan mucho a la materia prima en aroma, con notas frutales y saturación de dulzor. En boca pueden rememorar al licor de cachaza, con sus alcoholes intensos y su marcado ahumado en el paladar. Me cuesta asimilarlo, y es normal, pues tengo un paladar acostumbrado a otra manera de comprender el ron. Sin embargo, la tarea está lista, por fin conozco los rones agrícolas (aunque no sean mis favoritos).

Vuelvo al barco, porque otro puerto nos espera con nuevas historias bañadas en playas y ron ¡Mochilear Guadalupe en bus siempre estará en el top de mis anécdotas de viajes a partir de este momento!

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